miércoles, 31 de agosto de 2011

Croisant

(Porque me alegro de haberte conocido más allá del estrés y alguna fiesta)

  
Cuando la mañana herida te lleve lejos de aquí, dirás que el mundo, niña, no está hecho para ti. De caminar a oscuras, por calles heladas hasta el amanecer,  te quedó una larga historia, una vida rota y todo por hacer. A tu derecha extraños del mundo parecen seguros de cuál es su rumbo. Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás. Y cuando tú aprendas a usar las palabras serás otro buzo perdido en la nada. Que dirían los amigos. Qué dirían las ventanas, tu madre y tu hermana. Qué diría Dios. Ya no recuerdo el momento en que te dije por última vez que el cielo se está abriendo, y se abre, bajo tus pies.
 Me llaman Octubre, no pretendas saber más de mí. Vencido y renacido en un desastre. Mejor no preguntes, soy luna nueva fácil de partir. Houston tengan compasión. Ni me inspiran las estrellas ni vi a Dios. Mis gritos envasados al vacío reventaron al fin. Quiero volar, lejos de aquí escapar. Me perdí en mi universo, ¿y tú? Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro.
 Cuéntame, dime, ¿Quién te ha colgado el mar de las pestañas? Regaré, sin querer, con silencio de estrellas tu cuarto. Luciérnagas que tiemblan en tu pecho. El cielo en el que sueñan los cautivos.  Que se caiga el Sol a cachos, y con él el Dios borracho que te quiso hacer sufrir, que te echó su mal aliento, que yo transformé en cemento para hacerte sonreír.

miércoles, 24 de agosto de 2011

what he'll never say


Las luces de la calle se esconden detrás de cada mujer. Las miradas lascivas, sucias y frías parecen querer describir los portales de ese lugar. La oscuridad abraza las palabras de esos hombres, sedientos de cualquier imitación barata de aquello que sintieron un dia, y que recuerdan vagamente, pero qué es causa y razón de que aún soporten su vida. Una noche como otra cualquiera, como todas y como ninguna. Esa noche caminaba entre esos hombres uno, como todos los demás, con una historia entre los dientes. Giró la cara para que el frío cortase el gesto asqueado que tenía viendo la escena. Decidido entró en aquel antro, y no supo entender por qué tuvo una sensación de calidez acogedora en aquel zulo desalmado.
Unos minutos después un hombre rompió su silencio.
- ¿Quién eres? - Le miró detenidamente, analizando la intención de la frase.

- Qué importa eso ahora.- Se volvió para coger su vaso de whisky y observarlo. Parecía buscar allí la respuesta a la pregunta. El hombre siguió mirándole, no parecía ofendido.

- ¿Quién es ella?- Ahora si, bebió un sorbo de whisky y clavó su mirada en aquel hombre. Entrecerró los ojos.

- Helena.

- Aquí hay muchas de esas.- Volvió a beber un trago e hizo un gesto ofreciendo al que había roto su silencio otro.

- No, sólo hay una. Ella es única. Puedes tocar la piel de mil mujeres, de todas las clases, razas, estaturas,  lenguas y sabrías reconocer su suavidad entre todas ellas. Ella es la primera vez que miraste a una mujer y tuviste miedo. Ella es el olor con el que sueñas algunas noches. Ella es la vez que lloraste suplicando a Dios que no fuese de él. Ella es la llama que soportaste sobre ti, por ella. Ella es agua en el desierto. Tiene el pelo más liso que has visto, los ojos más tristes que has mirado y el corazón más rojo que has deseado. Ella es todo lo que puedes querer tener entre tus brazos.


- ¿ Dónde está?

- Ahí fuera. Buscando en otros brazos su propia derrota. Ensuciando sus manos. Ahogándome.

domingo, 21 de agosto de 2011

R.


Hace mucho tiempo que no te digo nada, demasiado. El mundo no es el mismo sin ti, quiero decir, mi mundo. Porque todo lo demás sigue girando, como una peonza a la que yo sólo miro fijamente intentando comprender por qué sigue girando cuando yo no puedo moverme. He cambiado tanto…no sé si estarías orgulloso, supongo que no del todo. Tú sólo me pediste que fuese feliz hiciese lo que hiciese. Te prometo que lo he intentado. No es fácil.  Aún así quiero que sepas que he sonreído con todas mis fuerzas muchas veces, me he muerto de risa e incluso lloro de vez en cuando de alegría.

Te echo de menos, tanto que a veces siento que vivo un sueño y me despertaré a tu lado. No pienso mucho en ti, creo que mi mente te ha ocultado en algún lugar para que mi corazón no te vea. Cuando te ve, aunque sea de refilón,  deja de latir. No sé qué le pasa…se agota, puedo sentirlo porque el pecho se me encoge igual que un niño intentando que no le peguen. Un niño, así conociste tú a mi corazón. Él también ha cambiado. Cuando tú te fuiste la parte blanda de él se fue contigo. No es del todo malo, ya nada duele.
Yo estoy bien, he tenido un buen maestro. He aprendido a resurgir de las cenizas, he nacido de nuevo.  He puesto en práctica todo lo que me enseñaste. Gracias. Intento tener tanta fuerza como tú. Ojalá mirase el espejo y mi reflejo hablase igual que tú, pero para eso temo que quede un tiempo. Algunas personas creen ver en mí tu sombra. Imagina. ¿Te acuerdas cuando me sonreías mientras pensabas que era igual que tu, pero mejor? Mejor que tú, qué utopía tan imposible.

Como he dicho, el mundo no es igual. El cielo tiene las mismas estrellas, pero ya no las entiendo. Antes era todo cristalino. Ahora un haz de luz me toca muy de vez en cuando, tan frecuentemente como se percibe algo bello. La belleza, ese concepto también ha cambiado para mi. Se ha potenciado, me refugio en cada gramo de ella sobre la Tierra, respiro de ella, en todos los sentidos en que puede expresarse.

Tengo mucho que contarte, no tengas prisa.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Simbiosis


El humo asciende en mi garganta, lo retengo antes de que por si mismo baile con mis dedos celebrando que ya es  libre. La velocidad del mundo desaparece poco a poco, el baile es cada vez más íntimo. Mis párpados tardan en descubrir la belleza de esa densidad, mis pupilas crecen al mismo ritmo con que el humo acaricia los labios de quien sueña por un instante que todo a su alrededor se diluye. En ese mismo instante el cielo se vuelve azul, sostengo la tenue luz que intenta atravesar el único rincón de consciencia que me queda.  A pesar de sus intentos, cierro los ojos y busco recuerdos de un futuro que nunca llegué a tener. Sonrío, también a pesar de los oscuros intentos de mi inconsciencia, me rio de mi misma. Siento como el humo extiende su densidad en mi cuerpo, se crece, se apropia de mi,  sube donde nace mi pensamiento y le abraza como a un niño que tiembla de frio. Ahora baila él conmigo en una simbiosis invisible. Abro los ojos.  Nunca había visto algo tan perfecto.  La vida surge ante mi y no lo había percibido antes desde este ángulo, normalmente tan obtuso. Todo fluye, comprendo la dinámica de la misma forma que un matemático demuestra un teorema. El Sol oculta lentamente el silencio imperfecto, y completo al mismo tiempo, de este momento. Es la primera vez que entiendo algo sin resquicios, algo tan imposible de entender como la belleza.

martes, 9 de agosto de 2011

Just feel it


¿No te nace? Ven, siéntelo. Acaricia el éxtasis, roza la media sonrisa de quien sabe que eso no está bien, pero le gusta.  Olvida los nudos que te atan a la cordura, olvida lo que se supone que es correcto en un mundo demasiado ocupado para poner en práctica su hipocresía escrita. Ellos no te están mirando, yo si. Dime que no lo quieres y no haré que me lo supliques. Transforma  la fuerza que te va nublando, presiona tus manos como si de ello dependiese la vida de lo que sostienen.  Siéntelo.  Noto la sangre corriendo por tu cuello, la velocidad empieza a darme vértigo, la adrenalina me sonríe. Recorro cada parte de tu nuca mientras miro el huracán que has creado en tus pupilas.  He dejado de tener el control, y no me importa si sabes condensar cada gota de calor allí donde el placer se junta con su antónimo.

sábado, 6 de agosto de 2011

A mi nada


Escribo porque es la forma más cobarde que tengo para decirte sin que te enteres que pienso en ti. Cuando el mundo se calla, cuando callo yo al mundo, cuando es de noche, cuando la noche se me echa encima. Tú, siempre tú. Quien me ha gritado, tirado, agarrado, amado, odiado, reprochado y perdonado. Quien ha escrito sabores en mi piel y ha borrado mares de mis ojos. Cruzaría un océano por cada lágrima que no soltases. Pero eso no importa, no te importa, no debería importarte. Muchas veces, cada día con más frecuencia, suplico a cualquier dios que mis sentidos se apaguen. Te los regalo, aunque ya eran tuyos por derecho. Tengo miedo. Tiemblo si cruzas la línea que transforma al aire en cristal, porque tengo la total certeza de que si das un paso más se romperá, y la distancia que separaba dos heridas abiertas desparecerá. Y yo simplemente volvería a entrar en tu gravedad, donde cada centímetro de mi te pertenece de una forma abstracta, que se iría tornando en calor, esforzándose por hacerse concreta en mis pupilas.

 Ahora soy la sangre que sale de tu herida. Siempre fui en potencia, pero tú, sólo tú, quisiste creer que era en acto. Me sujetabas  como si fuera de tus brazos hubiese un precipicio, y cuanto más fuerte me apretabas más miedo tenía de mirar. Creaste un mundo, un universo a tu única medida, me creaste. Y ahora empiezo a dudar si puedo respirar fuera de ese lugar. 

Tú, pequeño ser que ha despertado mi vida y la ha visto caer. Tú, que ignoraste que hay heridas que ni el amor puede cerrar. Tú que has sido mi sonrisa y mi sangre después. Has quemado mi inocencia y has borrado de mi mapa la ciudad de la esperanza. Hoy eres mi nada, y eres mi todo a la vez.

Esta noche no hay estrellas en mi cielo y sé que dónde tu irás habrá millones. He perdido entre tus lágrimas la sonrisa tierna con que te miraba viéndote dormir. Durante el día vendería mi alma por olvidarte, porque no llamaras, porque nada me recordase a ti. Sin embargo,  esta noche no soy sin tu recuerdo.