No se si es miedo, calor o frio, paranoia o todo al mismo tiempo. No se ponerle nombre a una disociación cada mañana más aguda. Todo se transforma, así que oficialmente no puedo cargarme mi templanza, sólo teñirla de un azul cada vez más ambiguo. Intento entender la dicotomía entre mis manos y tu cuerpo, porque se supone que entender algo te da poder para inferir consecuencias de una hipótesis que casi no me atrevo a formular. Todo son suposiciones salidas de una mente que, decididamente, no contrastó sus teorías con lo concreto, equilibró su conocimiento basándose en arena. Todo se cae poco a poco, por su propio peso en este trampolín simbólico lleno de verdades a medias. Mi templanza ha decidido fugarse de la mano de su mirada, y al mismo tiempo en consecuencia planteo esta hipótesis, este condicional, este ojalá, y todo ello sin comprender absolutamente nada.
viernes, 23 de septiembre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
Silencio
Duermo sobre las astillas que dejas en mi conciencia. Miles de palabras pasean sobre las sombras de tu tristeza. Te observo, admiro entre tus murallas los matices que no dejas ver a nadie pero que, por una razón que desconozco, han calado gota a gota debajo de mi insomnio. Háblame, miénteme, mírame. Me da igual la forma, quiero saber lo que ya sospecho. Sólo dime que es imposible. Dime que destrozaré los escudos de tu inocencia. Dime que no soy yo quien quieres que recoja la violencia de un deseo clandestino. Escuchando tu mirada no me arrepiento del silencio que nos une.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Plomo
Estancada en el momento que separa dos caminos igualmente peligrosos, Helena sólo calla. Como si alguien tuviese algo que decirla. Como si le importase lo que opinen. Qué sabe nadie de lo que siente cuando le echan cubos de culpa en la cara. Cuando mira al cielo teniendo una certeza donde el resto tiene sólo una futura esperanza frustrada. Cuando se mira al espejo y océanos de plomo la besan, como sólo se besa queriendo callar lo que tiene que decir una lágrima. Nadie sabe que entre mirada y mirada te arrancaría el corazón para gritarle. Nadie sabe que entre caricia y caricia te haría el amor hasta gastártelo. Así que no importa lo que nadie piense ni lo que nadie intente entender, porque no existe nadie capaz de comprender el fuego.