Estancada en el momento que separa dos caminos igualmente peligrosos, Helena sólo calla. Como si alguien tuviese algo que decirla. Como si le importase lo que opinen. Qué sabe nadie de lo que siente cuando le echan cubos de culpa en la cara. Cuando mira al cielo teniendo una certeza donde el resto tiene sólo una futura esperanza frustrada. Cuando se mira al espejo y océanos de plomo la besan, como sólo se besa queriendo callar lo que tiene que decir una lágrima. Nadie sabe que entre mirada y mirada te arrancaría el corazón para gritarle. Nadie sabe que entre caricia y caricia te haría el amor hasta gastártelo. Así que no importa lo que nadie piense ni lo que nadie intente entender, porque no existe nadie capaz de comprender el fuego.
¿Nadie?
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