Por si bajo a la locura que emana de tu pecho, rezaré a tus latidos tan lejos como evite que se lleven mi control. Por si decides abrir las ventanas invernales y acariciar mi realidad te diré dos silencios, uno por cada milagro que me hace temblar. Por si subes de mi mano a la máquina del tiempo y el futuro tiene envidia de que cese mi ansiedad, agárrate fuerte, escóndete conmigo donde no hay oscuridad. Por si dudas que dudaría de ti, te contaré mil historias, una por cada noche que perdí la vida en los glaciares. Por si crees que no creo en ti, mírame callar cuando la noche se rinde ante tus gestos y la luna se arrodilla rogando que sean eternos tus gemidos. Mírame amanecer en tus silencios. Mírame enlazarme en tus sueños. Mírame desconfiando de algo que poco a poco haces que entierre en cicatrices: mi duda, mi culpa, mi miedo.
Por si acaso crees que alguna vez me fuiste indiferente, convertiré las respuestas que buscas en el deseo que nunca pensaste que yo podría encender.
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