lunes, 26 de diciembre de 2011

Días de frio y algo más

Vislumbro una mancha oscura, pequeña, acercándose por el camino. Las hojas se acuerdan de los días que volaban libremente sobre tu figura. Mi móvil empieza a sonar y yo a querer nitidez para ver a esa mancha, pequeña, sonreir. Pueden quitar el fuego del planeta, y todos los amantes si quisieran, con todas sus noches y sus velas. Que lo hagan, si te dejan a ti.

Has robado la primavera, lo sé, y ha sido mi regalo de Navidad adelantado. Los dioses se enfadarán contigo, te perseguirán. No me dejarás otra salida que enfrentarme cara a cara al destino. Nadie nunca desafiará a la incertidumbre con una palabra por arma. Te esconderé mientras en un rincón secreto, que nunca quise que nadie viese. Si te atreves a revelarlo romperé las leyes de la demencia. Volvamos al invierno, ahí fuera. No hay nadie, sólo seres que no entienden ni creen. Pero cómo no creer en lo que tienen en frente de sus ojos. Sonríe, amor. Demuéstrales que la magia existe.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Today

Comiendo una chocolatina me di cuenta. Pero antes de eso pasaron muchas cosas. Me desperté entre aquellos silencios insoportables de mi cama vacía de ti, de calor, de color, de esas cosas que dan vida. Me quedé así como esperando una señal que me dijese que me levantase. Pero hoy no iba a hacer nada productivo, como si algún día lo hiciese realmente… pero ese no es el caso. Miré fijamente a uno de tantos objetos de mi habitación y recordé que vivía en sociedad, y tenemos costumbres. No me apetecía discutir conmigo misma así que me levanté a hacer café. He descubierto que con leche entera las mañanas saben diferentes. Aún así seguía con una sensación de vacío inquietante. No sabía si gritar. No sabía si irme de casa, coger un avión a cualquier lado y no volver. En momentos extraños de indecisión, de rareza consumida por un tiempo que otros saben aprovechar fumándoselo, pero que yo, por falta o exceso de otros vicios no tengo, me encuentro en una espiral de aullidos que normalmente decido callar. Congruente conmigo misma, callo. Pero tampoco así la niebla deja de enfriar mi casa. Los ladrillos son sólo refugio de pobres, pobres mentes, pobres dilemas, pobres conformistas. Sea como sea, la que empezaba a dar pena era yo. Libros, drogas, porno, videojuegos. La poesía murió hace tiempo en la rutina empática de esta ciudad. Y mi pureza con ella. Soluciones orgiásticas de evasión barata (Erich Fromm, te guiño un ojo). La otra opción está más lejos. Implicaría coger un tren, el único tren que existe cuyos raíles tienen sentido. El único tren que une tus manos con las mías. El único vicio que me queda al que ser adicto no tiene más efecto secundario que echarte de menos mientras paso el resto del tiempo que no estás a mi lado. Mientras escucho música, cierro los ojos, como una chocolatina. Mientras te quiero.