domingo, 20 de mayo de 2012

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Lo sé, con certeza aunque hayamos pulverizado las pruebas de que hubo estrellas. Un día, y no hace tanto desde que tus ojos calmaban mis gritos. Cuántos esperpentos hemos transformado poco a poco en existentes. Dime dónde comenzó. Dime qué hice y cómo respondiste esa primera vez. Esa semilla, tu cólera, la mía. La nuestra.
¿Tan ciego fue tu rostro que no vio el mal del que ahora renuncias? Un silencio nunca miente, y en su esencia encontré una lágrima que ocultaste entre mi hombro y mi alma. Tú. ¡Tú! Mi alma. Eso que fuiste. Mi vida, mi pasado. Mi historia. La guerra de sonidos estridentes que nunca deja dormirnos. La tormenta que se fraguó y creció junto al odio más violento. Ojalá estuvieses aquí mirándome y no dudases en clavarme cualquier metal. Cualquier objeto tuyo que hiciese frío un momento entre tú y yo. Cualquier puñal que te dé lo que ya nos hemos arrebatado. Y tú ahora gritas, ensordeces el silencio de la distancia fingida que pactamos. Somos ascuas separadas. Somos vida en tanto en cuanto que quitamos la de otra. Tú, mientras tanto, sigue así. Sigue mintiendo y mintiéndote mientras puedas, que yo jamás, ¡jamás! Podré recordarte sin que una fuerza que no consigo explicar me arranque algo de lo más profundo.
Y así caminaré. Con tu marca, y tú con la mía. Pero… ya no pienso tanto en ti.

domingo, 6 de mayo de 2012

Esposarte


Ni sin ella ni con nadie más. Enferma, corrupta. Olvida lo que creiste que existía. Olvida el tiempo de razón y de su escasez. Donde no existe y es peor. Muerte ahogada de la razón, en sangre de una herida que no has hecho aún, pero pienso cada día más maníacamente. Manía, recurrencia, bucles de diferentes formas y miradas de todas que no son a mis ojos.
Sed de una violencia que beberé de tus gritos. Gritarás y lo haremos tan fuerte que un cimiento de celos temblará por unas horas. Un tiempo que sólo mataré quitándote las fuerzas que me das con tus manos. No te suplicaré, no diré nada emitiendo más sonido que el de un gemido entrecortado. Llámalo vicio. Adicta de ti, de tu boca entreabierta en el silencio que nunca antes hizo estremecer un corazón. De tus ojos dejándose llevar. De tu cara que pasa de inocencia a ascuas de cansancio consumido.
De algo que jamás conocí con esta forma, y que si lo quieren llamar de alguna manera no sabrán representarlo.
Esposarte para expresar algo que no se puede, ni se debe, decir.