Ni sin
ella ni con nadie más. Enferma, corrupta. Olvida lo que creiste que existía. Olvida
el tiempo de razón y de su escasez. Donde no existe y es peor. Muerte ahogada
de la razón, en sangre de una herida que no has hecho aún, pero pienso cada día
más maníacamente. Manía, recurrencia, bucles de diferentes formas y miradas de
todas que no son a mis ojos.
Sed de
una violencia que beberé de tus gritos. Gritarás y lo haremos tan fuerte que un
cimiento de celos temblará por unas horas. Un tiempo que sólo mataré quitándote las
fuerzas que me das con tus manos. No te suplicaré, no diré nada emitiendo más
sonido que el de un gemido entrecortado. Llámalo vicio. Adicta de ti, de tu boca
entreabierta en el silencio que nunca antes hizo estremecer un corazón. De tus
ojos dejándose llevar. De tu cara que pasa de inocencia a ascuas de
cansancio consumido.
De algo
que jamás conocí con esta forma, y que si lo quieren llamar de alguna manera no
sabrán representarlo.
Esposarte para expresar algo que no se puede, ni se debe, decir.
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